Estamos viviendo uno de los momentos más desafiantes de la historia, ahora más que nunca necesitamos volver a Dios, conectar con Él. Pero, ¿dónde encontrarlo en medio de tanto caos en un mundo que continuamente nos lleva hacia fuera de nosotros?

Negar a Dios es negar nuestra naturaleza. Tal y como dijo Einstein: “¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?”. Muchos de nosotros hemos vivido ignorantes de “nuestra verdad” hasta que ésta ha sido revelada. Y precisamente ahí reside la belleza de la Vida. Sería como abrir un regalo antes de tiempo o peor aún, que nos lo abriera otro.

“Si tiene nombre existe” dice la frase. ¿Cuántos nombres existen para referirse a esa fuerza que todo lo sostiene?

A lo largo de mi historia mi relación con Dios ha cambiado muchas veces, hablar de Dios en tiempos actuales es desafiante, lo sé. Pero si Él me lo pide (a través de la inspiración) lo hago sin dudar. Recordándome tal y como reza en la Biblia:“Nadie es profeta en su tierra”.

Y soy muy consciente de cómo suena esto. Si hace años me hubieran dicho que iba a estar escribiendo este artículo hubiera pensado: ¿en qué momento hice mis votos como religiosa?

Hoy hablo de Él porque le conozco. Y me atrevo a decirlo con rotunda seguridad porque es la verdad que Él me ha mostrado.

 

¿Eres de los crees en Dios o conoces a Dios?

Cuando salió al mercado mi primer libro “Cartas desde India” donde narro en primera persona a modo de diario cómo conocí a Dios, me encontré varias personas que me mostraron su rechazo hacia esta palabra y todo lo que representaba. Publicar ese libro fue un acto de fe en sí mismo porque tuve que salir del armario 2 veces: una como escritora y otra como persona que se atrevía a hablar de un tema tan grande, inmenso, cuestionado y por qué no decirlo, controvertido como es la Divinidad.

Debemos volver a Dios, es el camino correcto en un Mundo que parece se derrumba en cada paso y nos deja con un pie colgando cuando aún no hemos asentado el primero en el camino.

El primer paso será, si nos  permitimos sentir esta brecha ya que muchos por creencia ni lo harán, hacer las paces con Él. Admitir que estamos o hemos estado enfadados con la Divinidad es necesario para abrir esa caja de Pandora que nos llevará justo donde Él desea que estemos: frente a Él. Desde ahí podrás hacer las paces, del mismo modo que lo harías con un semejante. Salvo porque la medicina que Dios nos trae es tan dulce que sana rápidamente si se lo permitimos. Muchos me leerán y no sentirán ningún reparo hacia esta palabra. A ellos les diré que incluso si no tienen que hacer las paces, que se cuestionen todas las creencias que tienen sobre Él, porque ahí es donde permitimos que nuestra conciencia se expanda abriéndonos un paso más en el camino del Ser.

Debemos hacer las paces y volver a Él. Y no estoy diciendo que nos volvamos fanáticos y salgamos al Mundo gritando o imponiendo nuestras creencias respecto a esto. Se trata de volver al Mundo con esa certeza dentro de ti. A esto se le llama: tener fe.

Pero, ¿por qué rechazamos la palabra Dios y preferimos otras como Universo, Fuente, Vida, Diosa…? Él llegó a mi con una forma diferente a la que mi educación cristiana  me había enseñado, pero emergió tan profundamente en mi corazón que fue imposible negar su existencia. 

En ese instante es cuando conoces a Dios. Cuando pasa de ser una creencia a una realidad y la forma desaparece porque puedes sentirlo en todas partes y en todos los seres humanos.

No nos produce rechazo la palabra Dios, sino todas las barbaridades que se hicieron (y siguen haciendo) en Su nombre. Seguramente su apariencia masculina unida a un estamento que ha denigrado tanto a las mujeres tampoco ayude. Aunque creo que la gran brecha sigue siendo la falta de entendimiento de por qué le pasan cosas malas a las personas buenas. Para sanar y evolucionar, debemos cuestionarnos y hacer esas preguntas incómodas para que puedan ser respondidas. Tal vez esas respuestas vengan de maestros espirituales o directas a tu corazón, pero lo importante es que si las tienes, las hagas. Él no te juzgará por ello. El juicio, la crítica, el miedo o es castigo son cosas del ser humano, no de Dios. Aprende a separar el polvo de la paja de todo lo que te llegue y utilizar tu corazón, intuición y discernimiento para quedarte con lo que de verdad te resuene.

Debemos hacer las paces con muchas palabras, no solo con ésta. ¿Qué tal resignificar las palabras: dinero, amor, sexo, poder…solo por nombrar algunas? En torno a Dios nos encontramos palabras clave como: sacrificio, disciplina, servicio, celibato.

Con muchas de ellas me he topado de frente y han confrontado todas mis creencias. Pero en esa lucha entre mi ego, mi alma y mis creencias veo la presencia silenciosa de un Dios compasivo que me apoya en el crecimiento de espíritu que ello me otorga.

No estamos aquí para seguir al rebaño sin criterio, sino para salirnos de él si es necesario, realizando el trabajo de introspección que sintamos, para caminar junto a nuestros semejantes con plena conciencia, con discernimiento.

Los tiempos actuales no demandan fanáticos religiosos, sino personas que encarnen los valores comunes que cualquier creencia o religión, independientemente de la parte del Mundo de la que provengan, tienen en común como: amor, verdad, respeto, entrega y servicio.

 

 

Si ves juicio, habla de orgullo, miedo o incita a cualquier tipo de violencia, ahí no es.

Creo que las religiones se mantienen porque no somos capaces de conectar con la espiritualidad de otro modo, es decir, a través de nosotros. En algún punto de la historia nos contaron que la Divinidad estaba separada de lo que somos y pasamos de las culturas paganas donde cada ser conectaba y veía a Dios en cada rincón de Su creación, ya fuera una roca, una brizna de hierba o los rayos de Sol a una cultura de dogma y religión donde necesitabas un intermediario (sacerdote) para conectar con lo que siempre estuvo en nuestro corazón.  Alguien que decidía si éramos dignos o teníamos el suficiente dinero para “conectarnos”, ya que éramos impuros, portábamos un pecado original o carecíamos de los recursos necesarios.

Y no estoy menospreciando a esas personas que entregan su vida al oficio religioso desde la humildad de su corazón. Sino cuestionando esos estamentos que manipularon con el miedo e hicieron uso de su poder externo.

Conocer a Dios y hacer las paces con Él ha sido re-conectar con todo lo que mi corazón sabía y anhelaba del Maestro pero filtrado de las creencias y dogmas que la iglesia nos ha impuesto. Crecí en el seno  de una familia cristiana aunque no muy practicante, pero al igual que muchos llegó un día que sentí que eso ya no funcionaba. Pero, ¿cómo dejar a la iglesia de lado? ¿No es eso abandonar a Dios?

Hace mucho que dejé de sentirme representada por una liturgia que empieza pidiéndome que repita: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Y por unas religiones que han usado el nombre de Dios como excusa para iniciar guerras o ejercer opresión sobre sus semejantes.

Las religiones desparecerán (o se unificarán) cuando encontremos a Dios en nuestro interior y purifiquemos nuestras creencias respecto a Él. Ya que solo existe una religión y esa es EL AMOR.

Los tiempos actuales nos han hecho quedarnos en casa y crear nuestros propios altares, ya sea en una rincón de una habitación o dentro de nuestro corazón, dándonos cuenta que esa conexión es igual de viable o incluso más.

Las religiones desaparecerán (o se unificarán) cuando encontremos a Dios en nuestro interior y purifiquemos nuestras creencias respecto a Él. ya que solo existe una religión y esa es el AMOR. 

Cuando estuve en India escuché algo que me dejó bastante introspectiva y seguramente a ti también. A veces Dios nos trae dolor para que volvamos Él. Porque son es esos momentos donde todo lo demás falla (todo lo externo) cuando como último recurso acudimos a Él. Y es que ya es hora que entendamos que somos un alma viviendo una experiencia física. Que nuestro hogar no es este, sino el seno de Dios. Y toda esta experiencia en la materia trata de recordar quienes somos: hijos de ese Dios. Por lo tanto ese dolor no es un castigo, sino el regalo de volver al camino del que nunca tuvimos que salirnos, pero esta vez desde el gozo, sin miedo y con el amor por bandera.  Desde que conocí a Dios, lo tengo presente de manera continua. Es ese “amigo invisible” silencioso que me acompaña y ayuda en cada paso que doy. Ese que me alivia el alma cuando la pena llega, cuando la vida me revuelca y me cambia radicalmente el rumbo. Y te aseguro que desde que le conocí mi sufrimiento se ha rebajado de manera drástica. Tal y como aprendí en India: no tengo miedo porque se que Él está conmigo. Estoy cultivando mi fé porque con las raíces que ésta me otorga, camino por la vida más segura y liberada del miedo. Cuando éste aparece lo traspaso porque soy guiada por Su presencia.

¿Cómo volver a Dios?

No existe una sola fórmula, existe una para cada persona, una perfecta entre tú y Él. Porque la relación con Dios es la más íntima comunión que realizarás en tu vida y es única para cada alma. Podrás encontrar modos parecidos, herramientas comunes, grupos afines, pero nada puede reemplazar lo que tu corazón, guiado por Él te diga. Permite que te susurre cómo permitir que su amor te rodee. Tan solo eso.

Si aun así no sabes cómo dar ese primer  paso, te dejo unas sugerencias.

  • Con la intención, realmente no hace falta más que eso. Él espera dentro de tu corazón paciente que decidas volver a su esencia (que eres tú). Cuando deseas hacer algo el Universo entero conspira para que lo consigas. Y más cuando es algo tan sagrado como esto. Y te pido que no creas nada de lo que digo, tan solo que pruebes. Pide que te muestre cómo hacerlo, que te envíe una señal y deja abierta la puerta de tu corazón y tus sueños para que Él te susurre cómo hacerlo.
  • Tal vez desees rezar aunque ni recuerdes muy bien esa oración que aprendiste de pequeño y que años después la iglesia decidió cambiar. Pero recuerda que la oración más sincera es la conversación de corazón a corazón que inicies con Él. Las palabras si van con humildad siempre son oración.
  • Cultiva tu fe. Ésta no viene de serie. Si es así es porque desde pequeña te lo inculcaron. Haz pequeños saltos al vacío y permite que Él te muestre como te sostiene. Haz como que crees hasta que la certeza inunde tu corazón. Cuando estuve en India conociendo a Dios, tuve tiempo en mi experiencia incluso de tener una crisis de fe. Se retiró, ya que es muy fácil creer en Él cuando las cosas son sencillas y sientes su presencia. Pero, ¿seguirás creyendo en Él si no lo ves o sientes con tanta fuerza? Es el mejor life coach que podemos tener. ¿Dónde lo buscarías si de repente desapareciera? ¿Correrías a una iglesia o buscarías en tu corazón y en los ojos de los demás?
  • Pide ayuda. Estamos rodeados por un montón de seres, energías, ángeles, llámalos como quieras, ellos están esperando que solicites su ayuda para ofrecerte infinitas opciones en tu camino. Si eres de los más materiales, recuerda que las manos del prójimo son nuestros grandes aliados. Aprende a pedir con humildad y desde tu corazón.
  • Cree en las señales que aparecerán en tu camino porque serán muchas. Éstas son los secretos que existen entre tú y Dios. Nadie más que tú debe entenderlas.
  • Y la última pero no menos importante. Si deseas volver a Dios se tú ese ángel que los demás necesitan. No hay nada que nos acerque más a la Divinidad que ofrecer lo que somos a los demás. Ya sea con una sonrisa, un abrazo, un tupper de comida o ayudar a nuestros mayores en estos tiempos difíciles. Dar es recibir, pero cuando das de corazón sabiendo que eres la ayuda que ese alma ha pedido, la Divinidad no sólo guiará tus manos sino que inundará tu corazón con el más puro y dulce amor.

Con infinito amor, Inma.

 

 

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Inma Borrego

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